Porcinos

El problema del IVA diferencial

El esquema actual de IVA genera distorsiones financieras que castigan al productor porcino y desalientan inversiones. Un abordaje integral y correctivo es urgente.

La estructura de costos de un criadero de cerdos refleja claramente el problema. Cerca del 70% del costo total corresponde a la alimentación animal, insumo que tributa el 21% de IVA.

 

En los papeles, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) es neutral: grava el consumo y no debería afectar la rentabilidad ni la estructura de decisiones de los agentes económicos. Pero en la práctica, esa neutralidad se esfuma cuando analizamos su impacto en sectores productivos complejos como el porcino, donde la estructura de costos y las alícuotas diferenciadas generan un saldo técnico a favor que se transforma en una pesada carga financiera.

Cerca del 70% del costo total corresponde a la alimentación animal, insumo que tributa el 21% de IVA. Si se suma el 12% de otros costos gravados, el 82% de los egresos está alcanzado por la alícuota plena, mientras que los ingresos (la venta del cerdo) están gravados al 10,5%.

Esa diferencia genera, cada mes, un saldo a favor estimado en $77,91 por cada kilo de cerdo vendido. Pero esos créditos fiscales no pueden aplicarse fácilmente ni utilizarse como capital de trabajo.

 

Un impacto estratégico

El impacto no es solo financiero, sino estratégico: para que ese saldo se absorba en el circuito productivo, el productor debería tener márgenes superiores al 14%. Una exigencia que se vuelve inviable para muchos pequeños y medianos criadores, especialmente en un contexto de volatilidad macroeconómica, altas tasas de interés y caída del consumo interno.

La situación se agrava aún más cuando se trata de inversiones. Los productores deben pagar un IVA del 19% por los bienes de capital, mientras que sus ingresos por venta de carne se encuentran gravados a una tasa del 10,5%. Esa diferencia no se recupera ni se cobra nunca. En los hechos, es dinero que queda inmovilizado en los balances y que representa un desincentivo directo a invertir.

Si ese capital quedara en manos del sector, emparejando alícuotas o permitiendo su devolución, la actividad podría crecer a una tasa del 10% anual. Esa expansión no es una simple hipótesis: los datos técnicos indican que podrían incorporarse 15.000 madres productivas por año, lo que implica una inyección de 90 millones de dólares anuales en la economía, dado que la inversión por madre ronda los 6000 dólares.

Es decir, hay una oportunidad clara de desarrollo productivo que está siendo bloqueada por una falla estructural del sistema impositivo.

Fuente: Federación Porcina Argentina

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