Porcinos

Radiografía del sector porcino: la eficiencia empuja la faena, pero el IVA y la falta de crédito frenan las inversiones

Radiografía del sector porcino: la eficiencia empuja la faena, pero el IVA y la falta de crédito frenan las inversiones

La producción porcina argentina muestra un escenario de fuerte contraste. Por un lado, la faena registra un crecimiento del 11 % anual. Por otro lado, la construcción de nuevas granjas se encuentra paralizada por trabas financieras y distorsiones impositivas.

Más kilos por madre: el motor de la faena

El incremento en la faena no responde a un aumento en la cantidad de establecimientos. Al contrario, el fenómeno se explica exclusivamente por la mayor eficiencia técnica de los criaderos existentes.

Durante los últimos años, las granjas optimizaron sus procesos de manejo y nutrición. De este modo, muchos establecimientos pasaron de producir 3.000 kilos a cerca de 4.000 kilos por madre al año.

Gracias a este salto productivo, el mercado interno cuenta con una oferta sostenida de carne de cerdo. Sin embargo, este techo de productividad requiere nuevas inversiones para sostener el crecimiento a largo plazo.

La brecha del IVA y el saldo acumulado en las empresas

Uno de los principales obstáculos para el desarrollo del sector es la distorsión del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Actualmente, la venta de carne porcina tributa una alícuota reducida del 10,5 %.

En cambio, las empresas pagan una tasa del 21 % en la compra de insumos clave. Asimismo, la adquisición de equipamiento e infraestructura promedia un 18 % de IVA.

Esta diferencia genera un saldo a favor técnico que las granjas no pueden recuperar con rapidez. En consecuencia, la cadena porcina acumula más de 20.000 millones de pesos inmovilizados, lo que resta liquidez al sector.

Financiamiento descalzado y costos de alimentación al alza

El esquema de financiamiento representa otro cuello de botella para la actividad. Las líneas crediticias disponibles en el sistema bancario son de corto plazo y se estructuran en dólares.

Esta situación genera un descalce financiero riesgoso. Los productores compran granos a precio dólar, pero venden el capón terminado en pesos en el mercado local.

A su vez, los costos de alimentación aumentaron en los últimos meses debido a la suba del maíz, la harina y el expeller de soja. Con un precio del capón en torno a los $2.370 por kilo producido, los márgenes de rentabilidad se volvieron extremadamente ajustados.

Bioseguridad y genética: los pilares de la producción porcina en Argentina

El caso Ingacot: US$ 20 millones a la espera de previsibilidad

La cautela de las empresas se refleja en los planes de expansión de la firma familiar Ingacot, ubicada en San Carlos de Bolívar. La compañía proyecta incrementar su plantel de 6.000 a 8.500 madres en un plazo de tres años.

No obstante, la ejecución de este proyecto requiere una inversión cercana a los 20 millones de dólares. Poner una sola madre en producción demanda desembolsar unos US$ 7.000 en infraestructura y genética.

Por lo tanto, la empresa mantiene en pausa el desembolso hasta que se consolide un marco macroeconómico más previsible y competitivo.

La llave exportadora: el protocolo sanitario con China

Más allá de los desafíos domésticos, la apertura de nuevos mercados internacionales ofrece una oportunidad estratégica para la cadena. En este sentido, la firma del protocolo sanitario con China resulta prioritaria.

Actualmente, Argentina exporta menudencias porcinas a destinos como Costa de Marfil por un valor aproximado de US$ 500 la tonelada. Sin embargo, el mercado chino paga cerca de US$ 2.000 por el mismo tipo de producto.

De concretarse este acuerdo sanitario, el sector lograría un salto sustancial en el ingreso de divisas. De este modo, la actividad porcina ganaría la rentabilidad necesaria para reiniciar la construcción de granjas en todo el país.

 

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